Frase atribuida a Carlos Hank González, político mexicano y creador de toda una dinastía política.
Nunca una frase política ha sido tan universalmente utilizada para justificar casi todo, como tan desconocida en su origen. Esta es una de las razones de este blog: desconfíen de todo, particularmente de lo que es más fácil de argumentar que leer Los hermanos Karamazov en emoticones, y desconfíen también de los que hablan sin saber.
Existen dos versiones sobre el origen de la misma y, para conocerla, debemos regresar en el tiempo al Precámbrico tardío, por allá de la década de los 40.
Versión 1: El autor es Carlos Alberto Madrazo Becerra
Viejos hankistas —sí, todavía viven— que son como el equivalente legislativo de Keith Richards, aseguran que la frase nació a partir de un señalamiento del difunto Carlos Alberto Madrazo Becerra.
Es necesario aclarar que este y Carlos Hank González tuvieron sus primeros acercamientos a mediados de esa década, a través de la Confederación de Jóvenes Mexicanos (formada en 1939). Los dos Carlos se conocieron cuando Madrazo Becerra era víctima de una persecución brutal por parte del presidente Manuel Ávila Camacho y su secretario de Gobernación, Miguel Alemán Valdés, que se extendió hasta 1948 y tuvo como puntos culminantes el desafuero de Madrazo en 1945 y su ingreso a la cárcel.
Luego de ese atribulado momento, Madrazo hizo el siguiente comentario (no es textual, porque el viejito que me lo contó estaba cambiándose el pañal): “Un político sin dinero vale para pura chingada”, por lo que al salir de chirona se iba a dedicar a hacer lana. Hank lo escuchó, le quitó la mala palabra por respeto al público y lo pulió hasta quedar en: “Un político pobre es un pobre político”.
Versión 2: El autor es Isidro Fabela
La segunda versión data de la década de los 60 y se refiere al momento en el que Carlos Hank González llegó a la Dirección General de la Conasupo, cuando se hizo de sus dos primeras pipas para distribuir gasolinas de Pemex. En ese momento, Hank se convirtió en el hombre de las confianzas de Isidro Fabela, fundador de la clase política mexiquense, del Grupo Atlacomulco e impulsor de la carrera de Adolfo López Mateos.
Ambos, es decir Hank y Fabela, formaron una serie de empresas, tales como la Constructora Mexicana de Obras Públicas y Morelos, para hacerse de los contratos de obra pública que les daba el gobernador Alfredo del Mazo Vélez. Fabela estaba convencido de que “un político pobre, es un pobre político” y de allí Hank tomó la frase para hacer mucho dinero.
¿Justificación del robo o ética de bolsillo?
Otra aportación la hace Joaquín Herrera Díaz, reportero de Excélsior y autor del libro Hank, la élite del poder en México (1997). En la página 51 precisa:
“Se cree que Jorge Mario [Hank Weber], su padre, fue contratista para más de un gobierno del Estado de México, donde Isidro Fabela fue un buen promotor de obras y siempre pregonó a sus socios y discípulos asegurar el bolsillo con esfuerzo propio antes que pensar en engrosarlo con dinero del erario. De él es la frase ‘un político pobre, es un pobre político’”.
Es decir, en este contexto, la frase no se usa para justificar los atracos al erario público, sino todo lo contrario: los políticos deben ganarse el pan como cualquier mortal antes de querer convertirse en millonarios a expensas de nuestros impuestos. Aunque tal argumento parece la letra de una canción de Arjona.
El mito de «Gengis» Hank
Todo el mundo atribuye la frase a “Gengis” Hank González en un momento completamente distinto: al final del Lópezportillato. Cuando el ordenamiento constitucional le impedía contender por la presidencia de la República, se convirtió en defensor del indefendible Arturo Durazo Moreno, quien en ese momento sudaba más que un cerdo corriendo el triatlón ante las acusaciones por los altos niveles de corrupción a los que había llegado la policía capitalina.
Desde entonces, la frase se ha utilizado —muy mal, por cierto— para vender desde condominios horizontales en El Molinito, Estado de México, hasta preservativos que brillan en la oscuridad.
Total, que nadie sabe para quién trabaja.



